Historia - Sombreros Antonio García
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Comienzos

Desde mediados del siglo XIX, la familia García ha sido sinónimo del buen hacer en el oficio de la sombrerería. El bisabuelo de los actuales propietarios de Antonio García Sombreros-Equitación es quien inaugura esta saga familiar y da nombre al negocio. Una temprana vocación lo conduce desde muy joven a los mejores talleres de artesanía del sombrero que existían en la Sevilla del momento. En ellos aprende las diferentes técnicas y procedimientos de elaboración de este complemento tan esencial en la indumentaria de la época. Completa todo un ciclo de elaboración artesana del sombrero que parte desde la fabricación de la materia prima -el casco de pelo de conejo- hasta su conversión en los más variados artículos de sombrerería confeccionados a mano con una extraordinaria calidad.

Tradición

Es este compendio de saberes sobre diversos procedimientos, estilos variados y técnicas depuradas el que se ha transmitido de padres a hijos en el seno de la familia Antonio García. Y es la síntesis entre el conocimiento profundo y un gran amor por el oficio el que ha dado identidad a esta firma desde que allá por 1847 abriera su primer taller de sombrerería en el sevillano barrio de la Puerta de la Carne. A este domicilio siguieron otros en las calles Candilejo, Muñoz y Pabón o Alcaicería de la Loza, hasta llegar a sus más recientes emplazamientos en el número 27 de la calle Adriano, a espaldas de la Plaza de Toros de La Maestranza de Sevilla, y al número 33 de la céntrica calle Larga de Jerez de la Frontera, donde los artífices de la mejor artesanía del sombrero continúan dando muestra de su oficio, tal como lo hiciera, hace ya casi dos siglos, aquel joven sombrerero llamado Antonio García.

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Dedicación artesana

En todo este tiempo se ha mantenido la tradición, de generación en generación, en la elaboración de sombreros de la máxima calidad. Para ello se siguen elaborando, igual que antaño, totalmente a mano. Proceso que garantiza una mayor durabilidad y a la vez, un estilo inconfundible que sólo puede dar el toque manual del artesano. Las hormas y herramientas que utilizamos hoy son las mismas que han utilizado nuestros antepasados y que han sido transmitidas de padres a hijos como la mejor de las herencias.